Westbrook, atrapado y sin salida

by Oct 21, 2022

AS- En el Crypto Arena podría resonar estos días aquella frase de Michael Jordan: “Para aprender a triunfar primero tienes que aprender a fallar”. A uno de los dos huéspedes del pabellón en cuestiones de baloncesto le está tocando aprender de una manera agresiva, qué duda cabe. Los campeones de hace dos años se encuentran sumidos en un importante problema de confección de plantilla y dan muestras de chispazos que se terminan traduciendo en eso, intermitencia en vez de regularidad. Los Lakers ya han colocado su segunda derrota en el casillero de la nueva temporada gracias al pasar de los Clippers, en su debut, por el derbi de Los Ángeles. Porque ahora es lo que le conviene hacer a los rivales del conjunto que lidera LeBron James: esperar el turno y recoger lo sembrado. No hace falta una extraordinaria puesta en escena para ganarles. Además parece que los Clippers le han cogido el tranquillo a sus vecinos porque últimamente ganan con maneras muy parecidas.

Los aquí visitantes vencieron 97-103 en otro buen control de las emociones durante los últimos minutos. El partido se apretó en una primera mitad de más coletazos de un lado a otro y se terminó viendo buen juego pese a las caras largas de los Lakers. Era el regreso a la acción de Kawhi Leonard y lo hizo con una nueva estrategia en común con el cuerpo técnico, la de salir como suplente para restringir los minutos en lo que alcanza el pico de forma que quiere. Buena actuación del robótico alero con 14 puntos, casi mismos (15) de un John Wall con el que se tomará un camino similar al menos durante el primer tramo de la temporada. En números similares estuvieron otros jugadores, aunque añadiendo el doble-doble, como Paul George (15+10) o Ivica Zubac (14+17). La pelea en la que brilló el pívot croata, la de los rebotes, fue una de las claves de este encuentro porque en un partido con malos porcentajes en tiros exteriores, 31% por un lado y 20% por el otro, que haya veinte capturas de diferencia es demasiada pérdida. Y es que salió a pedir de boca la noche para los Clippers en su debut de temporada. En el bando local la buena noticia fue Lonnie Walker, que con 26 puntos acompañó a James y Davis como caras positivas y firmando la jugada del partido, y la mala lo es Russell Westbrook y quizá más que nunca. La actuación de Russ en los tiros fue histórica y no para aplaudirle: 0/11 en tiros de campo, la primera vez que se queda a cero desde 2016 y la primera que un jugador de los Lakers acumula tantos fallos sin llegar a meter desde 1967.

Para el técnico Darvin Ham, dejando de lado estos problemas, hay alma en estos Lakers: “Quedan ochenta partidos y vamos en la buena dirección”. No lo verá de la misma forma parte de la afición del equipo más laureado de la Liga junto a los Celtics, eso queda fuera de toda duda, pero se apoya en lo visto este jueves en comparación con la apertura de temporada que tuvieron ante los Warriors dos días atrás. Parece que continuará con ese equipo titular con tres bajos y Davis de pívot, la posición en la que ha pedido no estar, hasta que se recuperen Schröder y Bryant y se pueda ajustar de otra manera. Falta, de todas formas, más arranque en todos los frentes: Walker y sus seis puntos fue lo único que entró en el aro de los Clippers en los últimos seis minutos del encuentro, un acierto como para felicitar al ex de los Spurs pero para pedir explicaciones a los demás. Porque los de púrpura y oro, al menos por ahora, no dan más de sí que esto.

Los Clippers pegaron el estirón al ir perdiendo minutos el primer cuarto. Más enchufados en el segundo los Lakers fueron adaptándose a lo que hacía el rival. La distancia se había colocado por encima de los diez puntos incluso cuando los locales comenzaron a sentirse a gusto. Kennard controlaba tiros a los que obligaba la defensa rival y Leonard salió bien entrado el segundo acto, a lo que él se refirió al terminar: “Ha sido duro, pero el año pasado ya esperé ochenta y dos partidos”. Zubac también dejaba un par de acciones de pívot clásico más allá de los números ante un Damian Jones flojo para opositar a la titularidad. El marcador se estiraba y se encogía hasta que ocurrió esto último con claridad al acercarse el descanso al ponerse LeBron James a los mandos de la nave local. El partido quedó empatado a 56 cuando se paró para pasar por los vestuarios.

Los Lakers necesitaban una estabilidad que, sin embargo, no tuvieron. Concedieron 17 puntos seguidos sin meter ellos ninguno y ahí se les volvió a hacer cuesta arriba. Para cuando Toscano cortó la racha con un triple la pendiente había subido de graduación de manera considerable. Además quedó para el recuerdo la ya típica jugada viral en la que se ve la falta de entendimiento entre jugadores. Sin participar Westbrook en ésta también alcanzó la incredulidad de muchos cuando, después de su mano de piedra a la hora de tirar, llegó la hora de definir su actuación: “Sólida. Jugando duro, que es todo lo que se puede pedir”. Claro, no fue suficiente. Llegaron a empatar cuando quedaban aún ocho minutos en el reloj, una labor por la que sí deben estar orgullosos y en la línea positiva que mencionaba su entrenador, pero los Clippers se cerraron en defensa y no permitieron más.