En Washington DC nunca habían podido ver jugar en vivo a Rafa Nadal. Por eso, en el primer torneo abiertamente organizado sin miedo a la COVID, los 7.500 asientos de la pista central del Rock Creek Park Tennis Center se llenaron con motivo del debut en la capital del balear, el jugador que, sin duda, hace disfrutar más a los aficionados estadounidenses. No defraudó Rafa, que pese a jugar con problemas en el pie derecho dio una lección de bravura un tanto inconsciente para ganar por 6-2, 4-6 y 7-6 (1) en casi tres horas a un rival del país anfitrión, Jack Sock, y por encima de todo, dio espectáculo. En octavos, si decide continuar (hizo gestos de despedida al final), se las verá en un duelo inédito con el sudafricano Lloyd Harris (24 años y 50º del mundo), que pasó por retirada de Tennys Sandgren cuando le ganaba por 6-4 y 1-0.

El público, sin mascarillas, se hartó de jalear los puntos de fantasía del español, que evidenció un estado de forma incompleto aunque lo suplió con un tenis notable (41 golpes ganadores y 17 errores no forzados) pese a que llevaba casi dos meses sin jugar, desde que cayó en las semifinales de Roland Garros contra Novak Djokovic el pasado 11 de junio. En pista dura, Nadal disputó su último encuentro el 17 de febrero contra Tsitsipas en los cuartos del Open de Australia. Sí acusó la inactividad cuando se alargó la cosa el número tres del mundo, gran protagonista de este ATP 500 que le invitó y, desde luego no se arrepiente. Porque congrega mucho público también en los entrenamientos y es un improvisado embajador de lujo para una ciudad en la que ha hecho turismo y lo ha compartido en redes sociales.

Sock, un tenista de 28 años y poderoso drive que llego a ser top-10 en 2017 y que luego fue a menos por una concatenación de lesiones, supuso una buenísima piedra de toque para Nadal. De hecho, ya tuvo tres bolas de quiebre en el tercer juego. Aunque, poco a poco y con oficio, Rafa, que dominaba por 5-0 el cara a cara, salvó las situaciones comprometidas y encontró fisuras en el juego del orgulloso y sufrido americano. Con dos roturas, el de Manacor se hizo con un intenso primer set y encaró el segundo con cierta relajación y una creciente mrema física. Por eso encajó un break que le puso contra las cuerdas en la segunda manga (5-3) ante un Sock crecido y ya no pudo revertir la situación.

Reacción de casta

La última reacción del ganador de 20 Grand Slams llegó cuando menos posible parecía, con Nadal claramente disminuido, cojeando y en desventaja (3-1). El público, que parecía español en lugar de estadounidense, le llevó en volandas hacia una victoria previsible que se convirtió en inesperada. Sock se enredó al intentar aprovecharse de los problemas de su oponente. El exceso de intención se volvió en su contra y Rafa olió la sangre para agarrar con su innegable casta las oportunidades que se le presentaron y prevalecer en un desempate maravillosamente ejecutado. Por eso es tan grande.