Vacío, con la energía suficiente para besarse el puño y golpearse el pecho en el que luce la ‘M’ de Movistar, Miguel Ángel López cruzó la meta del Gamoniteiro, que estrenó con su nombre. Un triunfo con el que el equipo español se quitaba el mal sabor de boca de Lagos, en el que fueron en persecución de sus rivales toda la parte final. Esta vez tomaron la iniciativa. “Doy las gracias a todos mis compañeros”, repitió cuando recuperó el resuello, ya que, a pesar de haber perdido por la mañana a Carlos Verona, los tres gregarios que quedaban (Rojas, Oliveira y Erviti) trabajaron a la perfección. Y tuvo una mención especial a Enric Mas: “Compartimos el liderato y nos llevamos bien. Ataqué porque al ir más lejos en la general, quizá podía tener yo más margen y Enric estaba más marcado. Fue un gran triunfo del equipo”.

Mas, de muy buen humor en la meta, corroboró la estrategia. “Sabíamos que si arrancaba yo podría venir Roglic a por nosotros y él quizá iba a tener más libertad”, analizó el mallorquín. Segundo en la general, ahora a 2:30, le tocó ser un freno con su compañero escapado. “Me quedé con las ganas de atacar, pero esto es así, lo importante es el equipo y el compañerismo”, explicó luego un corredor que, en el mejor momento de su carrera, ha tenido que vivir la bicefalia junto al colombiano, pero siempre ha resaltado la buena relación que les une.

De momento, ocupan las dos plazas del podio provisionales detrás de Roglic, a quien López, tercero a 2:53, volvió a ver fuerte. “Sigue muy bien a pesar de la épica de Lagos”, dijo haciendo referencia al triunfo del esloveno en la primera jornada de montaña asturiana. Porque el líder del Jumbo está lejos, como asegura el colombiano: “Las etapas más duras ya han pasado y es el mejor en la crono final. Todo puede pasar, pero es difícil. El objetivo es el podio”. Y es que tanto López como Mas quisieron vivir el momento en una Vuelta en la que, aunque el balance era positivo, faltaba un triunfo de etapa y lo lograron.