Desde hace meses, y antes de que se empezaran a amontonar, eran dos las preocupaciones que copaban las oficinas de Dallas Mavericks. La primera, que no se escapara la extensión de Luka Doncic. Parecía algo seguro, pero nada lo es en la NBA. La segunda, rodear mejor al jugador esloveno. La operación Doncic, por ponerle algún nombre. El ex del Real Madrid está para ganar ya. Sin ir más lejos, está para ser MVP. Eso indican los primeros pronósticos, algo aventurados, y ya lo hacían al inicio de la pasada campaña. Cuando Luka aterrizó en Texas, todo empezó a cambiar. De eso sólo hace tres temporadas, pero ya parece tiempo suficiente para ir más allá. Como mínimo, para subir al siguiente nivel, para dar un paso que se resiste desde 2011: superar una primera ronda de playoffs. Entonces, no solamente se hizo, sino que se consiguió el anillo, el primero y único en la historia de la organización. No es casualidad, pues, que Dirk Nowitzki vuelva a estar ligado a la franquicia. Nada aporta más seguridad que darle la mano a la experiencia y nadie puede guiar mejor a las nuevas generaciones que aquel que ya ha andado el camino.

Donnie Nelson, uno de los nuevos ausentes para el próximo curso, en 1998, cambiaba el devenir de Dallas y, de forma indirecta, el de la NBA. Milwaukee Bucks, con el número nueve del Draft, elegía a Nowtizki e, inmediatamente, el gigante alemán era traspasado a los Mavericks. A cambio, en Texas dejaban ir a Robert Traylor. El movimiento no quedó ahí, sino que también tuvo su peso, finalmente, en la llegada de Steve Nash a la franquicia. Con Dirk, también se movía Pat Garrity que, a su vez, ponía rumbo a Phoenix Suns junto a Martin Müürsepp, Bubba Wells y una primera ronda, convertida en Shawn Marion, por cierto. El asfixiante ritmo de la mejor liga del mundo. Lo que incumbe a la presente historia: Nelson se movió para conseguir a Nowtizki, le quería y, años después, repitió su modus operandi con Luka Doncic, al que seguía desde su segundo año como profesional.

El ex director de operaciones, sustituido por Nico Harrison para la próxima temporada, vio en el esloveno la mirada del alemán. O, más bien, su capacidad para devolver a la franquicia a lo más alto. Y ese momento se acerca. O debería. O eso se pretende. “¿Cómo se consigue una estrella que pueda crear sus propios tiros para que la responsabilidad no sea completamente de Luka?”se preguntaba Mark Cuban en junio. De momento, la respuesta sigue siendo incierta. Se han ido cumpliendo objetivos, y muy importantes, pero el salto cualitativo que, de momento, el equipo ha dado en la presente ventana de mercado puede dejar dudas. Los cinco años más de Doncic, por 207 millones de dólares, son el pilar fundamental. Aquello que da sentido al resto, que permite hablar de ello, incluso, pero se quiere ir más allá. Y hay que reflexionar sobre si realmente está siendo así. “Tim Hardaway hizo un gran trabajo en el catch-and-shoot e incluso mejoró su juego más allá del regate, pero tenemos que sumar ahí. Y eso es lo que vamos a buscar este verano”, aseguraba Cuban al mismo tiempo. Y Hardaway también ha renovado: cuatro años y 74 millones para él. Fue el mejor escudero de Doncic frente a Los Angeles Clippers y, seguramente, se ganó el contrato; pero no deja de ser una cara conocida. La imagen de una sensación de continuidad. Una que, hasta el momento, ha sido insuficiente.

¿Ganadores o perdedores del mercado?

Ubicar a los Mavericks, de forma rotunda, en uno de los dos bandos típicos del mercado no es sencillo. Se han movido, pero se desconoce hasta qué punto de forma acertada. Y si ha sido de forma suficiente, como se venía anticipando. Antes de abrirse la agencia libre, las aspiraciones estaban por las nubes. En un canto que ilusionaba, y era improbable, como ningún otro, se escuchaba hablar de Kawhi Leonard. Después, asomaron DeMar DeRozan o Spencer Dinwiddie y, finalmente, Kyle Lowry fue, seguramente, el que estuvo más cerca. Pero no llegó. Y puede ser un problema. Principalmente, porque no se ha logrado esa ansiada segunda estrella. Esa que, además, se veía, en su momento, en un Kristaps Porzingis que ha decepcionado. En su lugar, han llegado varias piezas que pueden encajar, pero que no se espera que descarguen, en exceso, el peso ofensivo que, actualmente, soporta Doncic. 

Sus nombres son, principalmente, Reggie Bullock y Sterling Brown, y su función es inequívoca y compartida: aumentar las herramientas perimetrales. Ambos exteriores, posibilidades en el ‘2’ y en el ‘3’, destacan por la amenaza de su tiro exterior. La pasada campaña, en New York Knicks, Bullock consiguió un 41% de acierto en el triple con 6,1 intentos; Brown, por su parte, en Houston Rockets, un 42,3% con 4,2. En el caso del segundo, ha sido la mejor temporada de su carrera, que iniciará su quinto año en la NBA. En el del primero, en cuanto a precisión en el lanzamiento, se quedó cerca de sus mejores estándares, con un increíble 44,5% en la 2017-18, su penúltima campaña en Detroit Pistons. Reggie, más allá de las posibilidades desde la larga distancia, aportará veteranía a un grupo joven y aumentará el nivel defensivo; pero, sin embargo, no incidirá en aquello que tanto preocupaba a Cuban. Aportará puntos, porque los tiene (10,9 el pasado curso), pero, en su mayoría, no generados por él mismo. Una incógnita que aún busca ser despejada.

Y para la que se siguen buscando respuestas. En ese sentido, Goran Dragic ha sido el último en aparecer. ¿Y desaparecer? Llegó como parte de la operación Lowry a Toronto Raptors y su futuro no parecía estar ligado a la franquicia canadiense, pero ahora el escenario ha empezado a cambiar. “No era mi destino preferido. Tenía mayores ambiciones”, declaró nada más cerrarse la operación. Ahora, ha reculado: “Me encanta el baloncesto, me encanta jugar y voy a dar el 100% donde sea que juegue. En este momento, estoy con Toronto y eso es lo que centra mi pensamiento”, ha rectificado, al mismo tiempo que ha pedido disculpas a la afición de Toronto. Los Mavs parecían su preferencia y en Texas hubiera encajado de maravilla. Tanto por necesidades como por química, pues en 2017, al lado de Doncic, ganó el Eurobasket. Más allá de su nombre, no hay novedades en el horizonte. Así mismo, el resto de caras nuevas se reducen a Nate Hinton, con contrato dual, y a Moses Brown, muy interesante para el juego interior, pero que se queda lejos de la pretensión de ganar ya. Tiene 21 años y un futuro prometedor, pero sólo suma 52 partidos en la liga.

La nueva dirección

Ese es el mapa actual de la plantilla, que aún tiene margen de mejora. Con el traspaso de Josh Richardson a Boston Celtics, se consiguió una excepción de 10,9 millones. Buscará ser utilizada dentro de un espacio salarial muy limitado, que ha sumado los 30,5 millones por 3 años de Bullock y que, así mismo, cuenta con 100 millones a invertir en Porzingis (36 de ellos, con una player option a disposición del letón en la temporada 2023-24). Con todo ello deberá contar Jason Kidd al tomar el relevo de Rick Carlisle, el entrenador que llevó a la franquicia a alcanzar la gloria. Un reto mayúsculo, tanto por la trayectoria que pasa a ocupar (trece temporadas de historia) como por la propia, poco productiva al frente de los banquillos. No convenció ni en los Bucks ni en Brooklyn Nets, aunque ahora llega tras crecer al lado de Frank Vogel, del que pretende incorporar mecanismos. “Tomaré lo que aprendí de Frank y lo aplicaré aquí. Cuando ves las defensas de Frank, han terminado primeras en los últimos dos años. Aquí en Dallas vamos a mejorar la defensa, porque sabemos que podemos anotar”, aseguró en su presentación. 

En su carrera como técnico jefe, las semifinales de Conferencia de 2014, con los Nets, han sido su techo. Con los Bucks, en cambio, se topó con la actual bestia negra en Dallas: la primera ronda. La temporada pasada, la franquicia terminó 20ª en cuanto a eficiencia defensiva, su gran preocupación. Ofensivamente, sin embargo, el rendimiento también bajó respecto a las anteriores campañas, en las que se había llegado a establecer un récord histórico en la materia. Con Bullock y Sterling, puede mejorar en flancos debilitados. Sin ir más lejos, el equipo viene de intentar 38,1 triples por partido (el 6º de la liga) con un 36,2% de acierto (el 18º). Ahí se justifica, seguramente, parte de sus fichajes. Pero son los únicos que aportan savia nueva en un equipo que, quizás, Carlisle ya exprimió al máximo. “Vamos a prestarle atención a las cosas pequeñas, que nos guiarán para ganar el trofeo”, concluyó Kidd en su primera rueda de prensa. Ese es el gran objetivo, aunque, de momento, parece lejano en el plazo inmediato. Eso sí, en la NBA nunca se sabe. Nada es seguro, para mal… o para bien.