Modric y su adiós de la Eurocopa entre lágrimas

by Jun 25, 2024

s una broma que las grandes historias acaben así. Luka Modric había anotado el gol que le daba a Croacia el pase a los Octavos de Final de la Eurocopa 2024 —segundos antes, su penal fue atajado por Donnarumma—. Otra hazaña más a la película sin final de Modric y una camada que es dorada, aunque paradójicamente no haya conseguido nunca un título. Lo es, dorada, porque cada gesta estuvo revestida de un heroísmo que escasea en el futbol. Lo es a pesar de la eliminación de hoy, con ese dramático gol de Zaccagni, que le dio el pase a Italia y que sumió en las lágrimas a Modric.

En el banco, después de haber salido del campo, estaba el mito croata viendo cómo se esfumaban sus últimos segundos de Eurocopa. Tiene 38 años, muy próximo a los 39 (los cumple en septiembre). Ya viene siendo un ‘veterano’ desde hace tiempo. Y cuando los jugadores entran en esa frontera, ya sólo se espera de ellos el momento en el que den el paso al costado: un adiós y hasta nunca. Ese momento no había llegado para Modric en ningún contexto. Hasta hoy.

No debería haber nadie lo suficientemente valiente como para decir que Modric no llegará a la Copa del Mundo de 2026. Al final, ¿qué tanto son dos años? Si en 2022, hace dos años, Modric lideró a una impetuosa Croacia que se quedó con el tercer lugar de Qatar 2022. Puede estar en Norteamérica y entregar ahora sí su firma de despedida. Pero cuatro años son más tiempo, incluso para alguien como Modric que ha estirado su carrera en el alto nivel de manera impecable.

Pero la nostalgia no entiende de futuros ni razonamientos: ¿quién piensa en 2026 después de ver el llanto de Modric? Dicen que los futbolistas lo tienen todo: una vida perfecta en la que les pagan por hacer lo que más les gusta. Y cuando eres Luka Modric, un ganador nato, una leyenda indiscutida, ¿qué te puede doler? Pues esto. Quedar fuera en fase de grupos de tu última Eurocopa. No habrá más. Y la forma: de último minuto. Italia asomaba hacia un nuevo fracaso y se salvó de milagro.

Qué tan histórico es Modric para que se hable más de su adiós que de la clasificación de la histórica Italia, que de hecho es la campeona vigente de este certamen (por más que se esmere en arrastrar ese prestigio y volverlo inútil). Cómo reclamar algo al centrocampista del Real Madrid, si jugó una final de Copa del Mundo en Rusia 2018; si su libro de hazañas tiene capítulos como los tres tiempos extras de Rusia, si eliminaron a Brasil de manera insólita en Qatar. Si se ganaron el papel de potencia mundial durante todos estos años.

Y alguien podría decir que, en realidad, en las Euro nunca le fue tan bien. Nunca estuvo Croacia entre los ocho mejores de este certamen. Y será verdad, pero no funcionará para restarle epicidad al mito croata y a su principal artífice, que hoy llora aunque lo haya ganado todo, aunque sea millonario, aunque nadie le vaya a reclamar nada. Porque quería seguir, porque merecía otro adiós. Pero Italia se acordó por un instante de su historia, de que no son un equipo del montón. Y de que, a diferencia de Croacia, en su escudo hay cuatro estrellas que los certifican como tetracampeones mundiales.

Si el presente no le hace justicia al pasado, entonces tiene que venir el pasado a echar una mano de alguna manera. Italia la tuvo, anotó sobre la hora y está en los Octavos de Final. Croacia ha visto el fin de Luka Modric en este torneo. El consuelo estará ahí de ahora en adelante: una historia que les respaldará eternamente, como a Italia la suya. Pero también un maleficio: aprender a caminar sin el cacique de todas las batallas. Qué duro será el despertar sin él, aunque Modric, con un año de contrato en el Real Madrid, todavía no diga adiós de manera perpetua.