El Barça y el barcelonismo están necesitados de referentes. El inesperado adiós de Leo Messi ha desamparado a un equipo que antes de la salida del argentino ya pedía a gritos una renovación de liderazgos. La pérdida del mejor jugador del mundo ha precipitado el final de un ciclo que antaño escribió algunas de las páginas más gloriosas de la historia culé, pero que hacía varios años que ofrecía síntomas de agotamiento. El club azulgrana está obligado a encontrar en su plantilla –pues sus mermadas cuentas le impiden acudir al mercado– a alguien que esté dispuesto a asumir un rol muy exigente. A un futbolista que no tenga miedo a ‘abrazar’ el balón cuando más queme, a tirar del carro. A un jugador estimulante que devuelva la ilusión a un desencantado Camp Nou.

Memphis Depay solo ha necesitado dos partidos oficiales para erigirse como uno de los pilares nuevo proyecto. Mientras Griezmann no da el paso hacia delante que se espera de él desde 2019, el innegable compromiso de Braithwaite no sirve para tapar sus carencias, el escepticismo rodea a las figuras de AgüeroDembélé Coutinho, Koeman busca la versión de De Jong que más le conviene ‘explotar’ y a Ansu Fati, que está cerca de regresar a los terrenos de juego, no se le podrá exigir demasiado tras un año de inactividad; Depay se ha ganado a la afición barcelonista. Su desparpajo esperanza y hace sonreír a un club que quiere rebelarse contra su realidad y negarse a seguir alojado en el desánimo. El rugido del neerlandés en San Mamés valió mucho más que un punto. También evidenció que el Barça ha incorporado en el momento adecuado a un efectivo con propiedades de líder nato.

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El ‘león’ demuestra en todo lo que hace, no solo sobre el verde, que tiene una autoestima muy alta. En el campo, siempre que toca la pelota sucede algo positivo para el conjunto; en los entrenamientos y en el trato con los compañeros, personifica el ‘buenrollismo’; en los desplazamientos y concentraciones previas a los compromisos está ensimismado, sabedor de que tiene estar a la altura del papel trascendental que él mismo se exige. Esta última es una de sus peculiaridades más interesantes; insaciable, no necesita que nadie le contagie la ambición. Su hambre de títulos importantes hace que sea autosuficiente en cuanto a la codicia se refiere.

Corazón de felino

Memphis, extrovertido, ha entrado de forma excelente a la plantilla azulgrana. Tanto, de hecho, que fuentes de la entidad catalana aseguran al diario SPORT que él lleva una de las voces cantantes del vestuario. Depay, que desde que Koeman aterrizó en el banquillo azulgrana tuvo claro que quería seguir sus pasos, ha entendido a la perfección su rol deportivo y estructural. Su gran relación con el técnico (le considera su ‘rescatador’ en el mundo del fútbol y le está muy agradecido por ello) y con De Jong le ayuda a confiar ciegamente en sí mismo. Le da el suave empujón que necesita para creer en su talento. No duda de que será capaz de marcar más de 15 goles por temporada. Tiene claro que podrá redimirse de su etapa decepcionante en el Manchester United y, por fin, tras una experiencia en el Olympique de Lyon que le ha permitido recuperar sensaciones, triunfar en uno de los mejores clubes de Europa.

“Siento que fui criado en la jungla. El león es, para mí, el rey de la jungla. Siempre me mantuve de pie aunque todo era muy duro”, reconoció hace unos años el ‘9’ sobre su dura infancia cuando fue preguntado por el tatuaje de su espalda. Todas las situaciones personales complicadas que ha sufrido a lo largo de su vida han forjado el carácter férreo que exhibe con personalidad y sin empequeñecerse en los grandes escenarios. Y lo han convertido, más allá de en un jugador con ganas de comerse el mundo, en un individuo con cuantiosas inquietudes. Ha fundado su propia marca de ropa, ha ‘lanzado’ un EP musical y ha creado una fundación solidaria para demostrar que el verbo atrever es uno de los que mejor sabe conjugar.