Hay muchos enfoques del anillo de Golden State Warriors, el reboot de una dinastía después de dos temporadas sin jugar siquiera playoffsUn equipo campeón dos años después de ser (la salida de Kevin Durant, las lesiones de los pesos pesados…) el peor equipo de la NBA: 15-50, fuera del reinicio de la burbuja. Es, sin duda, el éxito de la vieja guardia, de los padres del que ya es sin ninguna duda uno de los mejores equipos de la historia: el entrenador Steve Kerr y el cuarteto Stephen Curry (elevado ya al altar de los más grandes de siempre), Klay Thompson (que regresó después de un purgatorio de 941 días lesionado), Draymond Green y un Andre Iguodala que se fue por cuestiones económicas en 2019 y volvió el pasado verano para situarse ya con un pie en la pista y el otro en el organigrama de una franquicia (banquillo, despachos) del que cuesta verle separado en el futuro.

Es el título de la clase media, los complementos que han sido esenciales durante la temporada y, sobre todo, en los playoffsAndrew Wiggins ha pasado de contrato tóxico a jugador útil de ahí a all-star y estrella de nuevo perfil: bajo, obrero. Kevon Looney ha dejado atrás los problemas físicos, ha jugado todos los partidos de la temporada y ha sumado su tercer anillo ya con la franquicia. Y con momentos en los que ha sido absolutamente esencial (defensa, rebote…). Gary Payton II y Otto Porter, importantes en la identidad del equipo atrás, han completado el núcleo principal de una rotación en la que ha entrado y salido el serbio Nemanja Bjeliça.

Pasado, presente… y también futuro

Pero es el título también del futuro, de los jóvenes. El aviso del equipo que quiere ser el imperio de los mil años, de un ataque de cabezonería que ha acabado saliendo de maravilla. Porque los Warriors tienen unnúcleo jovenque puede ser de élite: James Wiseman (21 años, número 2 del Draft 2020); Jonathan Kuminga (19, 7 en 2021); Moses Moody (20, 14 en 2021). Y, claro, Jordan Poole, el más operativo ya de todos. 23 años, número 28 en 2019 y ya un jugador importante en la rotación y uno de cuyo futuro se ha estado hablando durante meses.

Moody y Kuminga son la pareja más joven de la historia con un anillo. De hecho, solo Darko Milicic (18 años, 361) fue campeón antes que Kuminga (19+253) y solo Talen Horton-Tucker (19, 361) antes que Moody (20+16). Son dos jugadores de enorme potencial, lottery picks en el último draft. Moody un escolta/alero y Kuminga un alero/ala-pívot. No han tenido mucha presencia esta temporada pero han dejado motivos para el optimismo en los minutos de los que han dispuesto. Y se han ganado los halagos de todos en la organización por su ética de trabajo y su buena cabeza. A Kuminga, un portento físico de enormes posibilidades, se le ha visto más, especialmente cuando ha estado lesionado Draymond Green. Moody ha trabajado en la sombra pero ha tenido momentos óptimos, incluida una aparición en la final del Oeste, contra los Mavericks.

Poole (13,2 puntos de media en las Finales contra los Celtics) está evidentemente en otro nivel de su desarrollo, ya pendiente de una renovación de su contrato rookie que le puede dar una buena bolsa de dinero e incluso alejarlo de los Warriors si las negociaciones no fructifican: la extensión se puede firmar hasta el 17 de octubre. Si no llega, el guard será agente libre restringido el próximo verano. Su debilidad defensiva contrasta con su talento en ataque y su alegre capacidad para anotar. Y su techo se ha disparado después de una temporada muy buena en la que ha dejado atrás el nervioso runrún de acabar siendo otro pufo de draft de los Warriors: como Jacob Evans, Pat McCaw, Damian Jones.

Wiseman es la gran incógnita, el factor X. La wildcardEl número 2 del Draft de 2020, elegido por detrás de Anthony Edwards y por delante de LaMelo Ball. Un 2,13 de potencial ilimitado que enseñó muy poco como rookie (inconsistente en ataque, torpe en defensa) y se ha pasado su segunda temporada apartado por una fea lesión de rodilla que arrastra desde abril de 2021 y que incluyó una recaída el pasado marzo. Los Warriors no ha perdido ni un ápice de fe en él, y creen que los problemas que aireó como novato se deben a que, generalmente, a los grandes pívots les suele costar más ajustar su juego y adaptarse a la NBA.

En cualquier otra franquicia, lo normal habría sido que ese núcleo joven hubiera servido para propiciar algún traspaso por una estrella o un par de jugadores de primer nivel que ayudarán más en el corto plazo. Para aprovechar el prime de Stephen Curry. Es lo que siempre hacen, por ejemplo y con éxito, los equipos de LeBron James: así se fichó a Kevin Love en los Cavs, a Anthony Davis en los Lakers… Muchos criticaron a los Warriors por avariciosos: parecía que pensar demasiado en el futuro estropearía un presente en el que se cuenta con un jugador generacional como Curry. Pero han sido campeones sin necesitar nada que esos chicos no pudieran dar todavía. Y han podido trabajar con ellos, desarrollarlos y forjar lo que puede ser la esencia de su próxima gran versión.