La dura derrota ante Hubert Hurkacz en cuartos de final de Wimbledon ha sido uno de los momentos más duros para Roger Federer sobre una pista de tenis. El suizo llegó a Londres con la intención de alzar el vuelo y de demostrar que aún puede competir con los grandes pese al calvario sufrido en 2020 a causa de las lesiones, pero el correctivo recibido ante Hurkacz ha vuelto a sembrar las dudas sobre si Federer volverá a ser el mismo.

Cabe recordar que Federer, que cumplirá 40 años el próximo 8 de agosto, ha disputado tan solo 19 partidos entre 2020 y 2021, por lo que también se demuestra la falta de ritmo de competición del suizo. En 2020, Federer necesitó atención médica durante su partido ante Tennys Sandgren en cuartos de final antes de caer en semifinales con Novak Djokovic. Pocas semanas después, en febrero de 2020 Federer anunciaba que se había sometido a una operación en su rodilla, lo que le descartaba prácticamente para toda la temporada, y más tras una nueva intervención en el mes de junio.

El aplazamiento de torneos como Wimbledon y el nuevo sistema de ranking a causa de la pandemia aparecían como posibles estímulos para Federer en su regreso a la competición. Un regreso que el suizo se ha tomado con mucha cautela, tal y como demostró con su renuncia al Open de Australia antes de volver en el torneo de Doha casi un año después de su último partido, derrotando a Daniel Evans en su reaparición, pero cayendo ante Basilashvili en cuartos de final. Una derrota que le obligó a tomarse de nuevo un tiempo para volver a las pistas.

Sin embargo, su segunda reaparición tampoco fue como esperaba ya que en el torneo de Ginebra, su último test sobre arcilla antes de Roland Garros, se vio sorprendido en su debut por Pablo Andújar. Sin embargo Federer logró reponerse para volver a sacar su clase en París, donde convenció en su regreso pero donde decidió renunciar antes de octavos de final tras su agónico partido ante Koepfer para centrarse en Wimbledon.

La temporada de hierba tampoco ha sido la esperada para Federer, que vio cómo Auger-Aliassime le apeaba en octavos de final en Halle, su otro gran torneo junto a Wimbledon, antes de llegar a Londres, donde ha deslumbrado para deleite del público británico antes de la derrota ante Hurkacz. Ahora Federer tiene en los Juegos Olímpicos, uno de los pocos títulos que le faltan en su palmarés (sí tiene una medalla de oro en dobles en Pekín 2008 y la plata individual de Londres 2012) una oportunidad para poner algo de luz a estos dos años difíciles y ahuyentar por un tiempo los fantasmas de la retirada.