Brooklyn sigue su particular proceso. Y, seguramente, seguirá así hasta que llegue la hora de la verdad. Con la incorporación de Harden, empezó, prácticamente, una nueva temporada en la Gran Manzana. Poco a poco, van aterrizando nuevas piezas (Iman Shumpert, Noah Vonleh y las que quedan) y las que ya están van reubicándose a marchas forzadas. Un puzle a medio hacer, con bandazos y pinceladas dispares, que puede quedar muy bonito o dejar a la vista groseros defectos de fábrica. 

En todo este proceso, el big-three, el Harden-Irving-Durant, juega un papel trascendental, claro. Y no se libra de la parte empírica: ensayo y error, en eso consiste también el baloncesto. Actualmente, los Nets son terceros en el Este, con 16 vitorias y 12 derrotas. Con un 57,1% de resultados favorables, mantiene un considerable margen respecto a sus inmediatos perseguidores (los indescifrables Celtics están en un 52% y los Pacers en un 51,9%); pero aún no han encontrado la ansiada regularidad, ni en los resultados ni en el juego. Intercalan noches de ilusión, que asustan incluso a los todopoderosos Lakers, con otras que les llevan a ser la franquicia de la competición con el quinto peor rating defensivo de la liga.

Por el camino, todo sea dicho, obstáculos importantes, como la inverosímil noche de Durant y su protocolaria ausencia. La pasada madrugada, después de tres citas sin su presencia, Kevin volvía a la pista, a la del Chase Center, además. Reminiscencias de un pasado no tan pasado en el que, cuando miraba a su lado, veía a Curry y a Klay Thompson en vez de a Harden e Irving. Otros tiemposKevin salió airoso de ello (117-134), a través de un presente que, como se indicaba unas líneas más arriba, trabaja aceleradamente en su futuro más inmediato. “Establecimos esto hace quizás cuatro días. Solo le miré y le dije: ‘Tú eres el base y yo voy a jugar de escolta’. Tan simple como eso. Ha estado tomando el control de las responsabilidades y haciendo un trabajo increíble. Simplemente, hace mi trabajo más fácil. Es un lujo. Sólo quiero continuar”, confesaba Kyrie tras el partido frente a Golden State. En referencia, claro está, a James Harden. La compatibilidad del backcourt es, seguramente, la pregunta clave para encontrar la difícil respuesta de su temporada, más allá de la defensa, y las intentonas no cesan. 

Con su explicación, Irving verbalizaba un hecho tangible en la pista. A pesar de la gran fluidez del esquema, los nuevos roles de Brooklyn estaban quedando claros de forma natural. No por ello, siendo menos sorprendente su devenir. Kyrie, el botador por excelencia, es el que se está empachando a puntos (27,6, su mayor registro); y Harden, el máximo anotador de las tres últimas temporadas, está en su curso más asistente, con 11,2 pases de canasta por los 7,5 que promediaba el curso pasado. “Vine a este equipo sabiendo que tienen dos anotadores especiales. Obviamente, anoto cuando lo necesito, pero mientras involucre a todos y Kyrie y Kevin obtengan los tiros que quieren. Es lo más eficiente, parece funcionar bien de esta manera “, declaró la Barba, también tras el partido frente a los Warrios. 

Para Irving, este rol no es una novedad. Junto a LeBron, en los Cavaliers, ya adoptó un papel de menos balón. Un esquema en el que, obviamente, el Rey era el vértice central; pero en el que Kyrie tuvo un gran peso, maridando y alcanzando la gloria, con el triple decisivo frente a los Warrios como estampa. Con Harden, Brooklyn se llevaba un jugador ofensivo de leyenda, pero también a uno de esos genios con los que tan difícil es lidiar. Se iniciaba, entonces, una lucha de egos explosiva. De momento, nada de eso: “Sólo estoy tratando de construir camaradería y de que nos divirtamos dominando”, sentenció Irving tras el último partido. James, en la misma línea. Durant, a su lado, está siendo Durant (actualmente, cuarto en la carrera por el MVP), y, tras 552 días de inactividad, no puede haber mejor noticia. Que el big-three se entienda como un big-one es el único camino. Y lo están andando.