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AS- Se acabó uno de los últimos culebrones que quedaban abiertos en la NBA: Jonathan Kuminga ha elegido, como su nuevo destino, a unos Minnesota Timberwolves con los que firmará un contrato por dos años y 12,4 millones con una player option para el próximo verano, antes de la segunda temporada. Era algo que el forward buscaba para tener control sobre su futuro a corto plazo. Después de perder dinero en los últimos mercados veraniegos por sus decisiones contractuales, su esperanza es que una temporada de muy buen nivel en los Wolves le permita ser agente libre otra vez el próximo año y obtener un nuevo acuerdo por mucho más dinero.
Los Wolves, sin Julius Randle, tenían una obvia necesidad en el puesto de cuatro, así que Kuminga (todavía 23 años) será el teórico quinto titular al lado de LaMelo Ball, Anthony Edwards, Jaden McDaniels y Rudy Gobert. Es básicamente un nuevo equipo, de un perfil distinto con la llegada, una apuesta arriesgada, de Ball y este fichaje de Kuminga que, al menos en lo económico, apenas supone un quebradero de cabeza. Encajará en la midlevel exception de pagador de impuesto (6,1 millones) y los Wolves, eso sí, tendrán que desprenderse de algún jugador porque no pueden rebasar, tras esta operación, un segundo apron que ahora superan por poco más de dos millones. Josh Green parece, en principio, un candidato para ser traspasado o, si no hay forma de hilvanar una operación, cortado mediante la fórmula del waive and stretch (y dividir su carga en las cuentas durante varias temporadas).
Los Wolves, que buscan la fórmula de rehacer un proyecto que en todo caso girará en torno a Edwards y que necesita sentirse más cerca de Thunder y Spurs, el patrón oro del Oeste, serán un equipo muy físico, rápido y con opciones de ser muy peligroso. Hará falta que Ball y Edwards se entiendan bien en el backcourt y que Kuminga juegue a un nivel alto con continuidad, algo que todavía no ha hecho, en realidad, en sus ya cinco años en la NBA. Fue número 7 del draft de 2021, elegido por los Warriors como la nueva joya de su futuro (y campeón sin apenas protagonismo como rookie, en 2022).
En 2024, rechazó una extensión de contrato rookie por unos 30 millones al año porque creía que, con minutos y peso en el juego, podría rondar un contrato máximo que entonces rondaba los 45 millones por curso. La temporada pasada, en el enésimo culebrón con su nombre en los titulares y como agente libre restringido, acabó conformándose con un contrato de 46,8 millones por dos años con la certeza de que su futuro ya no estaba en la Bahía después de rechazar 75 millones con tres años para, otra vez, apostar por un acuerdo más corto y con más posibilidades de llegar antes a ese megacontrato que, en realidad, cada vez tiene más lejos. Los Hawks ni se plantearon ejercer su player option (24,3 millones) y Kuminga quedó pendiente, otra vez, de un mercado que no ha tenido grandes noticias para él.
Finalmente, tendrá una oportunidad óptima en los Wolves para demostrar que en los Warriors no supieron manejar sus virtudes y en los Hawks se equivocaron al no tener ganar de intentarlo más allá de esos meses que siguieron al mercado invernal. Entre el tres (una posición que le gusta para ser más generador) y el cuatro (la más natural para él por unas lagunas que empiezan en el tiro) aportará rebote, defensa y, si conecta con Ball y lee bien sus opciones, juego sin balón en los bloqueos, los cortes hacia el aro… así puede exprimir su obvio potencial físico. Si quiere ser un jugador dominante, lo que siempre ha sentido, con bola en las manos y posesiones para él, tendrá menos sentido en un equipo que lidiará con un problema de spacing si, como parece, el frontcourt titular es McDaniels-Kuminga-Gobert. Falta mucho tiro exterior ahí, pero en todo caso los Wolves arriesgan poco más allá de que el tiempo empieza a apremiar y que necesitan que Edwards siga convencido de que estar en Minny es una buena forma de pelear por ser campeón.
Kuminga ha rechazado ofertas de más volumen económico de, según ESPN, los Bulls, los Trail Blazers y unos Lakers cuyo interés por él era un secreto a voces y que sonaban en los últimos días como los favoritos para atar su fichaje. Necesitan de forma casi desesperada un forward titular, que ahora parece que no llegará, pero perdieron la carrera con los Wolves cuando Kuminga había reducido su decisión a esas dos opciones. Los Lakers, en principio, llegaban a los 36 millones por tres años, unos 12 anuales que básicamente duplican el que será su salario en Minnesota. Pero puede que Kuminga crea que con Ball y Edwards tiene mejor encaje que con Luka Doncic y Austin Reaves y, además, tal vez las cosas sean algo más complejas: los Lakers no tenían espacio salarial directo para firmarle un contrato así y necesitaban acordar con los Hawks (y tal vez con otros equipos en la operación) un sign and trade para hacerse con un Kuminga ya firmado en Atlanta. Pero durante las últimas semanas ha ido quedando claro que todas las opciones que se ponían sobre la mesa para igualar la parte salarial (Dalton Knecht, Jarred Vanderbilt…) recibían poco o ningún interés en la liga (sean Hawks o terceras partes), y los Lakers no tienen capital de draft con el que endulzar una operación que finalmente no se ha dado.
Así que su verano, el de la revolución en torno a Luka Doncic y ya sin LeBron james, queda incompleto, con un puesto que baila en el nuevo quinteto titular y con sensación de trabajo sin acabar por mucho que Kuminga era cualquier cosa menos una apuesta segura. Pero, como los Wolves, en LA podían soñar con que, y más al lado de Doncic, el congoleño explotara definitivamente como jugador NBA, algo que, por otro lado, tal vez no suceda nunca. La próxima temporada será clave para tener una respuesta. Con los Hawks (no fue para tirar cohetes pero hubo algunos brotes verdes) promedió 13,7 puntos y 3,3 rebotes pero no fue titular en unos pasados playoffs en los que el equipo de Georgia perdió (4-2) contra el que sería, a la postre, campeón, New York Knicks. Anthony Slater (ESPN) apunta a esas dificultades operativas para explicar, en parte, que no haya acabado ahora en los Los Ángeles: “él, los Lakers y los Hawks no encontraron ninguna fórmula que le pareciera bien a las tres partes”.