La selección estadounidense de baloncesto ya es campeona olímpica. Un oro más para su largo historial. Desde que los jugadores NBA acuden a la cita, sólo Argentina, en 2004, pudo destronarla. Por eso mismo, cada cuatro años, ganar es una obligación. Estados Unidos se mueve en una dicotomía que sólo dirime entre la cotidianeidad y el fracaso más absoluto. Ahí ha bailado el combinado dirigido por Gregg Popovich, con muchas miradas pendientes de su caída. Una que, en muchos momentos, pareció cercana. En la final, Francia no pudo con sus pupilos (82-87); pero, en la jornada inaugural, los Gobert, Fournier y compañía hicieron saltar todas las alarmas. Después de 24 victorias seguidas en la competición, sucumbían ante el mismo equipo que, en 2019, les había apeado del Mundial, dejándoles en su peor clasificación internacional de la historia. Llegada la hora del juicio final, sin embargo, todo fue distinto.

Kevin Durant, con 29 puntos, lideró una victoria que se había convertido en mucho más. Para él, era el tercer oro olímpico, una marca que sólo comparte con Carmelo Anthony; para el grupo, además, era un ejercicio de reivindicación. Y, al final del encuentro, lo hizo saber“Mucha gente en nuestro país dudó de nosotros, pero nos unimos y finalizamos el trabajo de una forma perfecta”, declaró tras el partido. Las voces no solamente eran internas. Más allá de las fronteras estadounidenses, fueron muchos los que, siguiendo la trayectoria del equipo en la competición, señalaron la disminución de la brecha entre el baloncesto norteamericano y el que se juega más allá de la NBA. Un debate eterno.

La internacionalización del deporte, el cambio de normas, la construcción de equipos prácticamente nuevos para cada una de las citas… Es un tema con muchos ejes del que el propio Popovich, a lo largo de todo el torneo, ha querido participar, dándole la razón a los argumentarios que apuntan a una menor diferencia entre niveles. Tras la final, fue Damian Lillard quien lo hizo. En sus palabras, se centró en exponer las diferencias que, desde su primera experiencia, había encontrado entre el baloncesto FIBA y el que se desarrolla en la NBA. “Muchos de los mejores anotadores de la NBA anotan desde tres o llegan al aro y les hacen falta. En FIBA, no hay tantas faltas. Es más físico. Y tampoco existen los tres segundos defensivos. Por eso, la pintura suele estar más abarrotada. Forzar la pintura suele ser jugar entre una multitud. Los árbitros no te van a conceder el beneficio de la duda. Y es difícil jugar entre tantos jugadores, entre tantos cuerpos que se centran en ocupar los espacios. Eso es duro”, explica el base de Portland Trail Blazers en declaraciones que recoge Eurohoops.

En su exposición, la conclusión es clara: “Creo que todo eso, definitivamente, hace que sea más difícil anotar cuando juegas con las reglas de la FIBA en comparación con la NBA, donde se permite mucho menos contacto, existen los tres segundos… Hay muchas cosas que son diferentes y que permiten que sea un poco más fácil anotar en la NBA, sentencia. En su caso, los números registrados a lo largo del torneo le dan la razón. Lillard llegaba tras una temporada de mucha entidad con su equipo. En temporada regular, promedió 28,8 puntos, 4,2 rebotes y 7,5 asistencias; en playoffs, incluso, batió el récord de triples anotados, llegando a 12 en el quinto partido frente a Denver Nuggets. En los Juegos Olímpicos, sin embargo, se ha quedado en un 12,8+3+3,8. Muy lejos de sus estándares habituales en la competición estadounidense. Eso sí, según el periodista Shams Charania, habiendo disputado la competición con una lesión en el abdomen.

En este sentido, sus palabras se suman a las de tantos y tantos otros. Luka Doncic, nada más llegar a la competición estadounidense, ya se pronunció en una línea parecida, o idéntica, a la mostrada por Lillard ahora. Aquí es más fácil anotar que en Europa. Allí la pista es más pequeña y en la NBA está la regla de los tres segundos también”, aseguró el esloveno, finalmente sin medalla, por aquel entonces. En el otro lado, Facundo Campazzo, esta temporada, su primera en la NBA, habló en un sentido contrario, citando, precisamente, las anteriores palabras de su excompañero en el Real Madrid. “Yo entiendo que Luka diga que anotar en la NBA es más fácil que en Europa, porque tiene un talento increíble. A mí me cuesta un huevo, estoy tirando plegarias a veces. Él tiene un talento increíble, lo hacía en la Euroliga también”, expuso. La historia interminable.