La NBA es una liga única. Su idiosincrasia, erigida sobre estrellas y momentos memorables, es una de las más especiales del mundo del deporte. Dentro de ella, tan densa como poliédrica, uno de los elementos más identificables es su inexistente aversión al cambio. Cuando algo no funciona, o no llega al nivel esperado, el reloj de arena se acelera. Por el contrario, cuando algo supera las expectativas, o las alcanza, sedimenta. Esta temporada es muestra de ello. El play-in, un invento coyuntural, ha empezado a incrustarse en la estructura de la competición. Más partidos, más emoción, más sorpresas… en definitiva, más espectáculo, el fin último de la mejor liga del mundo. La tradición es muy larga. En 1954, por ejemplo, Danny Biasone, propietario de los Syracuse Nationals, triunfaba en su propuesta de instaurar el reloj de posesión. Con él, en un momento en el que la competición peligraba, el promedio de puntos pasó, en cuestión de una campaña, de 79,5 a 93,1. En 1980, Chris Ford, jugador de Boston Celtics, anotaba el primer triple de la historia de la NBA. Antes de dicha temporada, las canastas de tres puntos no existían. Ya más recientemente, en 2008, aparecía el Instant Replay. Son solamente tres casos de muchos, pero tres casos sin los que, actualmente, sería difícil concebir la competición.

De cara al próximo curso, la NBA prepara más cambios. Así lo ha confirmado Shams Charania, periodista de The Athletic. Aunque la NBA aún no lo ha hecho oficial, el periodista ha adelantado una decisión que ya ha sido votada y que, por tanto, entrará en vigor en cuando comience la próxima temporada, el 19 de octubre. Según Charania, los cambios irían dirigidos a arbitrar de forma distinta algunas acciones del juego: aquellas en las que, de forma antinatural, se fuerzan faltas a favor. De forma exacta, las modificaciones se centrarían en las siguientes situaciones del juego, normalmente, sancionadas con falta favorable al lanzador:

– Tiros en los que el lanzador se inclina de forma antinatural hacia el defensor, buscando el contacto.

– Tiros en los que el lanzador coloca la pierna en una posición antinatural, buscando el contacto del defensor.

– Situaciones en las que, de forma abrupta, el atacante se desvía del camino natural (hacia un lado o hacia atrás) buscando el contacto del defensor.

– Situaciones en las que el atacante engancha al defensor con uno de sus brazos para forzar un contacto inexistente.

Automáticamente, varios nombres aparecen en los pensamientos de cualquier aficionado. “Esto no es baloncesto”, llegó a decir Steve Nash, en enero, tras un partido de Brooklyn Nets frente a Atlanta Hawks. Sus palabras tenían un destinatario inequívoco: Trae Young. El habilidoso base, en su corta trayectoria, ya ha tenido tiempo de maravillar a la competición, pero también de desesperarla. Para él, sacar faltas a sus defensores roza la categoría de arte. Es una disciplina que domina a la perfección y que aplica sin ningún tipo de pudor: acelera, frena y, por el camino, con una ligera inclinación hacia atrás, encuentra a su víctima. Sonido de silbato y a la línea, una y otra vez. No es el único, claro. Su compañero de Draft, y competidor generacional, Luka Doncic, es otro en esta nueva escuela… que no es tan nueva. James Harden, uno de los jugadores más inteligentes de la competición, lleva temporadas acumulando viajes a la línea de tiros libres. Muchos de ellos, prácticamente imposibles de evitar para sus defensores. EL escolta de los Nets ha sido el centro de atención en redes sociales desde que se ha conocido la noticia. Incluso Chris Paul, especialmente, en los últimos cuartos, es un asiduo a estas prácticas. Ellos cuatro, seguramente, son las caras más visibles de los mencionados cambios. Cuatro jugadores que, con su juego, y el de alguno más, cambiarán las reglas de la NBA. De alguna forma, historia de la competición; pero, a lo largo de la misma, no han sido los únicos en lograr algo de este calado, con varios ejemplos paradigmáticos.