No pudo ser. Utah Jazz, tras ser el mejor equipo de la temporada regular, no pudo extender su dominio en los playoffs. Como tantos otros. Eso, sin embargo, no borra todo lo anterior. Al menos, en la memoria reciente; el tiempo, con dichas historias, suele ser más cruel. De la mano de los Suns, los de Salt Lake City rompieron todas las jerarquías establecidas en el Oeste. Llegaban avisando. En su caso, tras una caída en primera ronda; sí, pero qué primera ronda. La de los 475 puntos combinados entre Donovan Mitchell y un Jamal Murray que las lesiones, tristemente protagonistas, apartaron de la presente fase final. En el caso de los de Arizona, tras quedarse a las puertas de unos playoffs que, aunque las matemáticas negaron, merecían: fueron el único equipo que no perdió ningún partido en Disneyland.

Con sendos espaldarazos llegaban ambas franquicias a la presente temporada, una que pretendía marcar diferencias con la historia más reciente. Y lo ha hecho. Mucho más en el caso de los de Monty Williams que en el de los de Quin Snyder, que, pese a todo, deben volver al rincón de pensarEso sí, y también se debe tener en cuenta, hace no tanto, ambas franquicias se quedaban fuera de playoffs: en el curso 2014-15, ocupaban la décima y undécima posición. Casi nada. La mejor liga del mundo en toda su esencia.

En el caso de los Jazz, las premisas han sido claras… incluso demasiado: un juego coral basado en el perímetro y con el ancla de Rudy Gobert. Nuevamente, Mejor Defensor del Año, pero, también nuevamente, dejando muchas dudas en el momento de la verdad. Un único plan, sin respuestas en la fase final, pero suficiente, sin embargo, para apropiarse de varias hojas de registros durante el curso regular. Han firmado el récord histórico de triples por partido (16,7), hasta ahora en manos de Houston (16,1 en 2019), superaron el número de partidos seguidos (11 en total) con más de 15 triples, también en posesión de los mismos Rockets, etc. Fueron los mejores en temporada regular y, como tal, se ganaron un sitio en la memoria estadística.

Victorias, récords, halagos, críticas, euforia, desesperación… La temporada en Salt Lake City ha tenido de todo, pero no ha conseguido algo que, aunque parezca imposible, se le resiste desde hace trece años: un triple-doble. En febrero, ante Indiana Pacers, Donovan Mitchell estuvo a un solo rebote de romper con la pintoresca racha: llevaba 27 puntos, 11 asistencias, 9 rebotes y, tras un tiro de Malcolm Brogdon, estaba bien situado para recoger el décimo, en los últimos segundos del partido. La pelota, como si formara parte de una alianza a estudiar, decidió rebotar en la parte posterior del hierro, con una trayectoria imprevista. Mitchell pudo hasta sentir el balón en la palma de su mano, pero no reaccionó lo suficientemente rápido. Cuando lo hizo por completo, Goga Bitadze ya había mandado el esférico fuera de los límites de la pista. Y, con ella, las aspiraciones de romper con una espera que, de momento, se sigue postergando.

Una mera anécdota, pero que no deja de ser sorprendente en la era actual de la NBA. Por quinto año seguido, la competición ha acumulado más de 100 triples-dobles en sus registros y, desde la temporada 2011-12, la frecuencia de su presencia en los partidos ha aumentado un 700%. Un incremento brutal, pero del que Utah se ha mantenido totalmente al margen. En su caso, Carlos Boozer, con 22 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias, fue el último en firmar un triplete estadístico de dobles dígitos. Fue en 2008 y, para hacer aún más tangible la longevidad de la fecha, frente a Seattle SuperSonics, hoy Oklahoma City Thunder; aunque más como un islote en medio del mar que como continuidad a algo que haya ido menguando su tendencia. A lo largo de la historia de la franquicia, según datos de StatMuse, han sido 24 los triples-dobles que se han registrado. Esta temporada, Russell Westbrook, solo, ha firmado unos cuantos más. De ellos, un 54% pertenecen a Pete Maravich (7) y Mark Eaton (6). Por detrás, Karl Malone y Andrei Kirilenko, con tres cada uno. El próximo, un motivo de celebración por todo lo alto en Salt Lake City. Deberá seguir esperando.