La magia de Federer da signos de cansancio. Bien por falta de motivación o por el continuo desgaste del tiempo, el helvético está firmando una de las temporadas más grises de su carrera deportiva, al borde de cumplir 40 años. El de Basilea cayó el pasado miércoles de forma inesperada en el jardín de su casa, el ATP 500 de Halle que ha ganado en diez ocasiones, ante un Felix Auger-Aliassime que dio la campanada para avanzar a tercera ronda: 4-6, 6-3 y 6-2.

Sin duda, un hecho sintomático de la apatía de Federer, que también mostró en la rueda de prensa telemática a la que acudió dos horas después de que finalizase el partido. Allí, su discurso no fue nada alentador: “Sentí que necesitaba tiempo para procesar esto con Ivan Ljubicic (su entrenador). Tuve muchos altibajos. Un gran primer set, el segundo estuvo bien y luego del primer quiebre del tercero estuve decepcionado. Fui muy negativo, que no es normal en mí. Mi actitud fue mala, no estoy orgulloso de ello. Eso fue decepcionante. Lo bueno es que sé lo que no tengo que hacer la próxima vez. Tengo que mirar para adelante porque lo puedo hacer mejor”.

Wimbledon se acerca y el haber acumulado sólo dos partidos sobre hierba no parece la preparación ideal para Roger en un nuevo intento de asaltar el 21º Grand Slam de su carrera. No obstante, pese a poseer un pobre balance de 5-3 en este curso (derrotas ante Basilashvili, Andújar y el propio Auger), Roger esquiva responder a su retirada y cree que las cosas marcharán mejor sobre el verde londinense: “No quiero tomar ninguna decisión tonta. Quiero ser positivo y mirar para mi próximo objetivo que es Wimbledon. Mis planes ahora son volver a Suiza y tenemos tiempo para discutir cuál es el mejor plan ahora, tengo tiempo para decidir cuáles son los próximos pasos”. Por lo pronto, no podrá estar el próximo viernes a una ronda de cuartos de final en Halle a la que nunca había faltado en 17 participaciones. ¿Será el principio del fin?