Embiid y Simmons no se soportan

by Sep 3, 2021

No lo he olvidado, pero hace dos años, me abuchearon, la gente en Filadelfia quería que me cambiaran. Incluso les tuve que hacer callar. Solo los de verdad no lo hiciero. Durante ese verano, me esforcé en para ser mejor. Sabía que no estaba jugando con todo mi potencial. Aficionados de Filadelfia, vosotros también tenéis que ser mejores“. Son palabras de Joel Embiid, en uno de los muchos tuits que ha escrito en los últimos días. El pívot es muy activo en redes sociales, pero el hecho de quejarse es predominante en sus mensajes más recientes, teñidos a veces de una fina ironía, otros de un bien escogido sarcasmo pero, casi en su totalidad, de una direccionalidad clara y directa, que no deja lugar a disimulos, ni nada por el estilo.

En Philadelphia, las cosas van de mal en peor. Y eso, que parecía imposible que la situación tras la derrota en semifinales de Conferencia Este, ante los Hawks, se tornara aún más oscura. La entidad no le ha encontrado salida a Simmons ni a su espectacular y excesivo contrato (ese de 177 millones en cinco temporadas) y parecían resignados a quedarse con el jugador, con una mal disimulada gestión con la que pretrendían demostrar que le querían y que no le habían buscado salida. Sin embargo, ha sido la propia estrella la que ha pedido el traspaso a una franquicia que tenía muchas esperanzas puestas en un proyecto que hace agua por todos los lados.

Mientras tanto, el periodista Jeff Zillgitt, de USA Today Sports, aseguraba que el distanciamiento entre Embiid y Simmons era ya sideral tras acrecentarse en los últimos meses. Palabras que negaba Embiid vía Twitter, asegurando que adoraba a su todavía compañero y que lo que decían los rumores, eso que construye la narrativa y el discurso de la mejor Liga del mundo, era mentira. Todo para luego poner el tuit con el que hemos empezado a estas líneas, unas palabras que, para mucha gente, no van solo dirigidas a los aficionados, también al propio Simmons. La comparativa del verano de trabajo al que hace referencia el camerunés contrasta con el del australiano, que ha pedido salir tras muchos meses convulsos y la sombra del pesimismo ondeando sobre el proyecto.

El futuro no es precisamente halagüeño. El equipo, mítico en el pasado y un sostén de la NBA con una cultura baloncestística enorme, no aparece en el mapa de los candidatos (ni que decir de los favoritos) desde la salida de Allen Iverson. Y no disputa unas finales de Conferencia desde ese 2001 histórico en el que coleccionaron premios individuales, llegaron a las 56 victorias y emocionaron en unos playoffs en los que sufrieron en semifinales y en las finales del Este (siete partidos por ronda), antes de llegar a unas Finales en las dejaron marca (los 48 puntos de Iverson en el duelo inicial) e inflingieron a los Lakers su única derrota en esos playoffs (15-1, solo superado por el 16-1 de los Warriors en 2017), antes de caer en los siguientes cuatro choques y despertar de un bonito sueño.

Ahora, nada es lo que era. La conexión con el público se ha perdido, el Trust the Process y los años de tanking han demostrado no ser el camino adecuado, el cambio de entrenador no ha surtido efecto, Simmons no es lo que prometía y su relación con Embiid está en entredicho. El base puede salir, el pívot dice mucho, hace mucho y consigue poco, Doc Rivers ha perdido su aura y Daryl Morey intenta buscar soluciones imposibles. Nada funciona, la derrota contra los Hawks les ha desmadejado por completo y el futuro está teñido de negro, es absolutamente borroso e imposible de predecir. Las cartas están boca arriba y la jugada que tienen los Sixers no da para ganar ninguna mano. Mucho tienen que cambiar las cosas en Philadelphia, con o sin Simmons, para recuperar el orgullo del pasado. Así está el tema: ese pasado, cada vez más lejano. El presente, del revés. Y el futuro, más que incierto.