Foto : EFE/ Lavandeira Jr
(ATLANTA USA)-MARCA-De repente, un desastre en Atlanta. Una España desconocida, sin fútbol, ideas y recursos, fue incapaz de hacer un gol a Cabo Verde, un grupo animoso que dio la gran sorpresa de este Mundial. Recurrir tarde a Lamine Yamal y Nico Williams en busca del oro no logró.
Atlanta fue la sede de un milagro deportivo, como si un amigo de un polideportivo hubiera derrotado al mejor Rafa Nadal. España puso en el mapa a Cabo Verde. La decepción colosal que supuso el debut se arregla en las tripas del vestuario. Es pronto para perder la ilusión. Se había ganado el Mundial antes de tiempo. Toca aprender.
Se esperaba con expectación el estreno de España, señalada como favorita para la conquista del Mundial, un torneo que es un laberinto en el que se pierde la confiabilidad. Ahí entra también De la Fuente, que perdió el reloj a la hora de hacer los cambios. Fue el dibujo del partido de España, sin brújula.
Los estrenos de España en los Mundiales han construido una estantería de recuerdos. Desde un atraco a samba armada a un Hondurazo; de una insolación al ensayo de un motín.Cabo Verde encargó un partido perrete, refugiados en bloque bajo, la manera rimbombante de llamar al cerrojazo o al catenaccio de toda la vida. Sería injusto esperar de una selección modesta que se pusiera a imitar a la Francia del 82, por poner un ejemplo.
Cuando empezó la función no parecía que Cabo Verde, con su punto exótico, tuviera ganas de ser un souvenir, algo parecido al torero que se colocaba encima de las televisiones.
Aplastada por los pronósticos, agarrotada e imprecisa, cada jugador de España era una versión peor de la real.Era el problema de entrar en el césped con una supuesta goleada un favor. Cabo Verde era sin balón una trampa; con el esférico mostró maneras de Curazao, el caramelo al que le quitó el envoltorio Alemania.Cuando llegó la mal llamada pausa de hidratación, en verdad es la pausa del dólar -un artificio para el clink, clink, caja-, España no sabía si el meta Vozinha era una madre o los guantes eran de broma.
Sin Lamine y Nico
De la Fuente, con el cronómetro perdido, buscó 20 minutos buenos de Lamine, quien cambió el ruido del estadio. Algún regate alteró la defensa de Cabo Verde, pero poco más mientras en Cabo Verde empezaba una colecta para sus héroes.
La España del toque acabó enredada en melés y centros sin picante. De la Fuente reservó en el banco a Borja Iglesias. Cabo Verde remató el desastre español con algún susto a Unai Simón. Si fue para disimular, que sea bienvenido el chasco. El Mundial no se gana en un día.