Ahora que el Barcelona se encuentra más que herido. Ahora que la era post Messi va mostrando a simple vista los despropósitos que la presencia del mismo Messi ayudaba a esconder en el juego de un Barcelona de otoño. Ahora que urgen cambios, se necesita más que nunca recurrir a los orígenes y abrazar nuevamente el cruyffismo porque sirve de mucho mirar hacia el pasado para construir el futuro. Ahora llega Xavi para enfrentar la difícil tarea de reencaminar a un Barcelona a la deriva y sin puerto determinado. La empresa no es camino allanado, pero Xavi es el ideal para tratar de implementar en un grupo de jugadores heterogéneos la idea más simple que resumen el juego del Barcelona desde que Cruyff le mostró a los catalanes el atajo para desarrollar un juego colectivo de amor al balón que concluya con el fabuloso pase a la red. Xavi es tan cruyffista como guardiolista. Un fundamentalista de la posesión. Es como el niño malo que no le gusta prestar la pelota. La táctica por delante de la estrategia, en donde el método es que traza el camino a la acción para conseguir el propósito: el gol. No importa el dibujo (3-5-2, 3-4-3 o 4-3-3) Este último es su predilecto. Es de los que piensa que cada uno de los jugadores tiene que tener buen toque, de los que acarician el esférico. No es de esos técnicos que rifan el balón con un saque de meta largo hacia el centro del campo. Ama la salida que inicia con el portero, que pasa por los centrales hasta llegar a la medular del campo, zona en donde nace el juego coral, el hermoso caos que suele desconcertar rivales y que prepara el escenario para que los delanteros solo tengan que empujar la pelota para conseguir el gol. Así todo fluye mejor. Tiene en este Barcelona algunas de esas piezas para llevar a cabo sus ideas. Sospecho que le hará falta algún defensa y un centrocampista polivalente que sirva más de destructivo que de constructor, porque todo no puede ser belleza. No es fácil aprender a vivir sin Messi, pero al Barcelona no le quedaba otra alternativa que no fuera Xavi para enfrentar estos días grises.

RAUL BRETON