En los Juegos de Rio 2016, el estadounidense Caeleb Dressel era el benjamín del cuarteto de 4×100 metros libre que lideró Michael Phelps. Lloró como un niño al recoger su medalla de oro en esa prueba y el mito de la natación le tuvo que consolar. Dressel alcanzó a disputar la final de los 100 libre, pero ahí se impuso otro nadador más joven que él, el australiano de 18 años Kyle Chalmers. Quedó entonces abierta una rivalidad en la prueba reina de la natación que está deparando capítulos inolvidables. Cinco años después ha sido el americano el que ha inscrito su nombre en la relación que incluye a mitos como Johnny Weismuller, Mark Spitz, Matt Biondi o Alexander Popov. Sólo les han separado seis centésimas en una carrera con un guión más denso del que se podía esperar.

Dressel y Chalmers tienen dos formas diferentes de afrontar los 100 metros. El americano, un velocista de pura raza, tiene una puesta en acción incomparable. La potencia en la salida desde el poyete, su zambullida buscando los ángulos de entrada en el agua más eficaces y el nado submarino apurando los 15 metros reglamentarios le conceden por lo general medio cuerpo de ventaja sobre cualquier otro rival, que vale su peso en oro. Dressel va abriendo el agua en todas las carreras y sus primeros 50 metros son irresistibles.

Chalmers responde a otro esquema. También muy potente, este hijo de un jugador profesional de fútbol australiano, deporte que no ha descartado nunca como su futuro, reparte de otra manera su esfuerzo. Menos explosivo, tiene sin embargo los 50 metros de vuelta más rápidos. Esa virtud le dio el oro en Río, pero a partir de entonces no había resultado suficiente para derrotar a Dressel. En los Mundiales 2019 ganó el americano con la mejor marca de la historia con bañador textil (46.96) y el australiano, que a punto estuvo de darle alcance, hizo la suya mejor (47.08).

En Tokio volvían a chocar en la final, pero esta vez con otros coprotagonistas que no se resignaban a papeles de reparto, como el ruso Kliment Kolesnikov, que había sido el más rápido en las semifinales (47.10), el prodigio rumano de 16 años David Popovici, que en los recientes Europeos júnior nadó en 47.30, o el italiano Alessandro Miressi (47.46).