Los Warriors estaban ante el partido del año, o así lo definió Steve Kerr al acabarlo, y se dieron de bruces contra su propia confianza nada más empezar. Es por ello que, con el paso de los minutos, se fraguó una diferencia tal que olía a paliza desde antes del descanso. Sólo el alzamiento de mano de los Mavericks, que ya se daban por contentos en el último periodo, evitó un despropósito mayor.

Los de San Francisco no tenían de baja a Draymond Green o Stephen Curry, no, simplemente jugaron un partido horroroso. Los de Dallas venían de perder la noche anterior contra los Kings, un varapalo importante si tenemos en cuenta que son uno de que estos tres equipos están en pelea por los puestos de honor de la Conferencia Oeste y que, además, Doncic llegaba cansado y fallón al back-to-back. Pero las especulaciones se quedan en eso, hay que jugar.

El equipo visitante se puso sus mejores galas, como partido importante que era, pero también el mono de trabajo. Dejó al contrincante en 29 puntos en la primera mitad, algo casi insólito viniendo de donde venimos, y cerró con tranquilidad. Luka Doncic fue el mejor de la noche con 39 tantos, con seis de sus ocho fallos en los triples y en sólo tres cuartos.

Los locales se quedaron apesadumbrados pese a que Stephen Curry no tuvo una noche aciaga en los tiros, acabando con 27 tantos anotados. Pero, de cara al play-in, siguen décimos, ya a dos derrotas de distancia de Spurs y Grizzlies y con los Pelicans apretando por detrás.

Desde un principio se vieron dos polos opuestos. Y ya, desde los compases iniciales, se puede comprobar que se defiende en la fase regular si se quiere. A Curry le persiguieron por todos los lados y en la primera manga poco pudo hacer. Cierto es también que a los Mavericks les entró todo, no es que hubiera grandes fallas en la defensa del rival ni que no se habalaran ni que pusieran la alfombra roja. Costó mucho ver fluidez en el ataque de los Warriors, y mucho es muchísimo. Como la espuma subía la diferencia: a falta de 4:13 para llegar al descanso estaba en treinta.

Doncic era el que dirigía las operaciones, pero ayudó que se juntaran también Hardaway o Brunson, más flojos últimamente. Burke, que parecía haber espabilado con la llegada de Redick, fue titular. Porzingis no estuvo. La única ayuda que Curry tuvo fue la de Mychal Mulder, que acabó con un muy decente 10/16 en tiros para como estaba el pan. Pero las máquinas se pararon antes de entrar en el último cuarto y ya se rodó con la inercia hasta el final. Los californianos, al rincón de pensar.