Dada la manera brillante en la que ha lanzado Jacob deGrom esta temporada cuando ha estado lo suficientemente sano para treparse al montículo, se ha mencionado mucho a Bob Gibson. 

A medida que deGrom se prepara para su próxima salida el jueves ante los Bravos, su promedio de carreras limpias en 13 aperturas es de 0.69. Nadie ha tenido una cifra tan brillante a estas alturas de una temporada de Grandes Ligas. Por lo tanto, hemos pasado mucho tiempo analizando lo que hizo Gibson en 1968, en una época distinta y en un mundo muy diferente para los abridores, cuando el miembro del Salón de la Fama terminó aquella campaña con efectividad de 1.12.

En aquel mundo en el que se esperaba que los abridores élite como Gibson terminaran lo que empezaban, Gibson lanzó 13 blanqueadas y 28 juegos completos ese año, en el que cedió apenas 49 carreras en 304.2 innings de labor. Debido a las lesiones y por la manera en que el relevo ha cambiado el béisbol, deGrom ha trabajado apenas 78.0 entradas en el 2021, en los que ha cedido seis carreras. Pero cuando se le ha dado la bola, se puede afirmar que ha dominado a los bateadores de Grandes Ligas como una vez lo hizo Gibson. 

Por lo tanto, llamé al hombre que recibió los juegos de Gibson en los años 60 y quien se convirtió en su mejor amigo de por vida, el gran receptor Tim McCarver, quien entiende lo que estamos viendo de parte de deGrom quizás mejor que nadie. 

Lo primero que dijo fue lo siguiente: 

“Sería una tontería compar a alguien con Bob”. 

Después de eso, hablamos de lo que presenció él de Gibson en su mejor momento y lo que está viendo, en tiempo real, con deGrom en su apogeo. 

“[deGrom] no necesita ser el segundo Bob Gibson ni nadie más”, dijo McCarver. “Vamos a valorarlo por ser el primer Jacob deGrom”. 

Le pregunté a McCarver cuánto hubiese admirado Gibson– quien falleció en octubre de cáncer pancreático–lo que todos estamos viendo de deGrom. 

“Bob lo estuviese saboreando”, dijo McCarver, “como solamente él lo hacía”. Tras una pausa, agregó, “La manera en que lanza deGrom le hubiese llamado la atención al intelecto de lanzador de Bob, más que nada”.  

Luego volvió al tema de la facilidad con la que deGrom parece tirar la bola, repetidas veces, a 100 millas por hora.  

“Pondera eso”, me expresó. “‘Fácilmente’ y ‘cien millas por hora’ no están supuestas a ir juntas. Pero es lo que deGrom está haciendo. Está haciendo una maraña con esas palabras. Pero dicho eso, tengo que decir que las lesiones me preocupan. Sé que todos los lanzadores tienen lesiones y todas preocupan. Pero preocupan más cuando se trata de un lanzador tan especial como éste”. 

McCarver se refiere a las molestias que deGrom ha experimentado esta temporada en el hombro, en un costado y en los músculos flexores del brazo de lanzar. Ésas son las únicas cosas que – brevemente, hasta hora – han logrado entorpecer esas rectas de 100 mph. Repetimos: deGrom ha trabajado apenas 78.0 capítulos de cara a su salida ante los Bravos. En la época de Gibson, 78 entradas era el equivalente de ocho aperturas y media. Por eso, no se compara. 

Le pregunté a McCarver cómo era recibir los juegos de Gibson durante su mejor momento, esa gran campaña en 1968. 

“Mis responsabilidades me hacían algo minimalista”, dijo McCarver. “Un swing en blanco, un tercer strike. Swing en blanco, tercer strike. Hacer algunos tiros. Luego otro swing en blanco”. 

Entonces, le pregunté, “Bueno, tuviste que mostrarle un dedo o dos (en las señas), ¿no?” 

McCarver se rio. 

“Con el señor Gibson no había [señas de] dedos”, bromeó. 

McCarver también era el narrador de los Mets en 1985 cuando las aperturas de un joven Dwight Gooden se convirtieron en el tipo de evento en el que se han vuelto las salidas de deGrom, tanto en casa como en la ruta. Ésa fue la temporada en la que Gooden tuvo marca de 24-4 y finalizó con promedio de carreras limpias de 1.53. 

“Sí, era así con Doc”, dijo McCarver. “Como lo era con Nolan Ryan, y mucho”. 

Ryan fue duradero como Gibson. Sandy Koufax no lo fue. Dos años antes de la gran campaña de Gibson en 1968, Koufax se retiró debido a dolores crónicos en el codo de lanzar, después de cuatro temporadas con marca de ganados y perdidos de 97-27 y promedio de carreras limpias mejor de 2.00 en tres ocasiones. A Koufax le faltaban dos meses para cumplir los 31 años cuando lo hizo. deGrom, quien está lanzando mejor que nadie en la historia cuando está en salud, y mejor que nadie en el béisbol ahora mismo, tiene 33 años. 

La próxima salida de deGrom será el jueves por la noche. Le pregunté a McCarver si piensa sintonizar el juego.

“Oh claro, sí”, respondió. 

Sonaba como que hubiese querido pedir el juego él mismo. Pero después de haber recibido los partidos del inigualable Bob Gibson, McCarver admirará al primer Jacob deGrom.