Después de tantos días de sufrimiento, que comenzaron pronto, en la segunda ronda contra Tiafoe, tomaron tintes dramáticos en la tercera cuando rozó la retirada contra Fritz, y tampoco fueron plácidos con sus compromisos frente a Raonic y Zverev, Novak Djokovic tuvo la semifinal que hubiera soñado cualquiera. Le tocó una perita en dulce, Alsan Karatsev, al que barrió sin piedad en tres sets (6-3, 6-4 y 6-2) y apenas una hora y 53 minutos, sin hacer nada del otro mundo, más allá de sacar bien (17 aces) y cometer pocos errores no forzados (14). Aunque para él fue “el mejor partido” suyo en el campeonato.

Por mucho que el ruso de 27 y 114º del mundo fuese la gran revelación del torneo, el primer debutante en Grand Slams que llegaba a una semifinal en la Era Open tras eliminar a Schwartzman, Auger-Aliassime y un lesionado Dimitrov, lo cierto es que no dio el nivel suficiente para inquietar al número uno del mundo, que jugará su novena final en el Open de Australia, 24ª entre todos los majors. Es el primero que llega a tres allí con más de 30 años desde 1968. Será el domingo ante el ganador del duelo que se disputa el viernes (09:30, Eurosport) entre Medvedev y Tsitsipas. “Lo que hizo Stefanos contra Rafa (Nadal) es increíble, probablemente en el mejor partido del torneo y Daniil es el hombre en estos últimos meses y ya jugó una final muy larga en el US Open. Cogeré las palomitas y veré su batalla. Les deseo que la disfruten”, dijo sobre sus potenciales rivales.