La temporada de Stephen Curry está siendo, como mínimo, histórica. La estrella de los Warriors, el responsable de haber cambiado los parámetros de la NBA y de liderar la era del triple, como cara de una de las mayores dinastías de todos los tiempos, promedia 32 puntos (líder de la NBA), 5,5 rebotes y 5,7 asistencias con 33 años y tras una temporada en la que solo disputó cinco partidos. La dimensión del base es cada vez mayor, y su leyenda se ha hecho más grande en un curso baloncestístico marcado por el coronavirus, las lesiones y el calendario condensado (todo ello muy relacionado entre sí). Los Warriors ya no son el equipo de los tres anillos y las cinco Finales, pero siguen con sus pilares intactos más allá de un Klay Thompson al que echa de menos toda la NBA. Ahí está el inamovible Steve Kerr, el siempre polémico Draymond Green y Curry, la joya de la corona que lidera a su equipo a unos playoffs que parecían imposible en un inicio y que se están acercando en esta recta final de curso. Pero para alcanzarlos de forma definitiva, el base se tendrá que ver las caras con un viejo conocido: LeBron James.

Lo bueno de esto (o lo malo) es que Utah Jazz y Phoenix Suns están en una encrucijada. Trasuna temporada en la que llevan 50 y 48 victorias respectivamente y un liderato y segundo puesto que se repartirán a buen seguro, les toca jugar en primera ronda (si todo va bien) contra uno de los cocos, especialmente en el caso de los Lakers, que si están acompañados de LeBron James y Anthony Davis almejor nivel… en fin, pues eso. Los Jazz, por su parte, son un buen equipo sin aura, trabajados pero ya lejos de ssa racha que les hizo imbatibles a mediadios de curso. Y han perdido ante unos Warriors, cierto, más necesitados, pero la realidad se ha impuesto con una gran versión de Curry que, sin embargo, no ha sido la mejor de la temporada: 36 puntos, 4 rebotes y 6 asistencias, pero con 11 de 25 en tiros de campo y 3 de 13 en triples. Uno de ellos, eso sí, sobre la bocina del tercer cuarto, lo que ha hecho saltar de alegría a los aficionados, cada vez más numerosos, del Chase Center.

Los Warriors se han hecho con el partido al final, tras aguantar las embestidas de un rival que les ha endosado 41 puntos en el último cuarto, aprovechando la débil defensa que este año está demostrando tener el equipo de Steve Kerr. El partido, eso sí, tuvo 18 cambios de liderato y 16 empates, una igualdad rota por los locales en el tercer periodo y que regresó al último, cuando Curry y compañía aguantaron la embestida y se consolidaron en la octava posición de la Conferencia Oeste, con medio partido de ventaja sobre los Grizzlies, sus mayores rivales, y 2,5 sobre unos Spurs ya fuera de esa pelea, pero que acabarán dentro del play-in tras una derrota que deja a los Pelicans sin posibilidades.

En los Jazz, el mejor del partido fue Jordan Clarkson, con 41 tantos de sexto hombre, una posición en la que se ha consolidado de manera definitiva. 24 de esos tantos llegaron en el último periodo, en el que realizó una serie de lanzamiento espectacular, con 8 de 13 en tiros de campo y 4 de 7 en triples. En la totalidad del partido, un poco peor: 16 de 33 y 5 de 16. Pero al final, demoledor. Donovan Mitchell no jugó, Bojan Bogdanovic anotó 27 tantos, Rudy Gobert se fue a 10, con 16 rebotes… todo insuficiente para batir a Curry, acompañado de los 14 puntos de Andrew Wiggins, los 19 de Kent Bazemore y un Draymond Green que está siempre y no se esconde nunca: 12+6+10+2. Los Warriors se enfrentan ahora a Suns, Pelicans y Grizzlies, un último encuentro que puede decidir su temporada. Una que, de momento, se dirige a un inevitable enfrentamiento con LeBron. El resto, ya lo veremos.