EFE- El belga Thibaut Courtois alcanzó este lunes el reconocimiento más alto que puede recibir un guardameta al recibir el Trofeo Yashin que le acredita como el mejor bajo palos de la pasada temporada. Un culmen a una carrera que, curiosamente, comenzó sin ponerse los guantes, ya que lo hizo de lateral izquierdo.

Courtois nació el 11 de mayo de 1922 en Bree, ciudad belga de la provincia de Limburgo en la que también crecieron otros deportistas históricos como la tenista Kim Clijsters, exnúmero uno del Mundo y ganadora de tres Abiertos de Estados Unidos y un Abierto de Australia, y el piloto de motrocross Stefan Everts, que fue campeón del mundo en diez ocasiones.

Nada tiene que ver con la Bree de la Tierra Media que el escritor John Ronald Reuel Tolkien inventó para sus obras, como El Señor de los Anillos o El Hobbit. Es más, poco de ‘hobbit’; tiene el belga con sus 1,99 metros de altura.

Courtois viene de una familia con tradición de voleibol. Su padre Thierry y su madre Gitte se dedicaron profesionalmente a este deporte, al igual que hacen su hermana Valérie y su hermano Gaetan, quizá por eso se le da bien el juego con las manos. Aunque él decidió pasarse al fútbol.

Eso sí, no fue hasta los 7 años, ya en la cantera del Genk, cuando se puso los guantes por primera vez. Su primera toma de contacto con el esférico fue en el K.Bilzerse-Waltwilder VV y lo hizo de lateral izquierdo, demarcación en la que aprendió durante dos años.

Pero tocar el balón con las manos le venía en la sangre, y fue en su paso al Genk en 1999 cuando tuvo la oportunidad de reencontrarse con esa sensación. En las categorías inferiores del equipo del noreste de Bélgica se probaban a todos los chicos bajo los palos y fue entonces cuando a Courtois le cambió la vida.

En la portería se hizo grande y fue ascendiendo en la cantera hasta llegar a debutar con el primer equipo en un encuentro oficial. Fue el 17 de abril de 2009 frente al Gante tras una situación rocambolesca que hizo que Thibaut hiciera sus primeras paradas en el profesionalismo.

El belga Pierre Denier, técnico del Genk por aquella época, no contaba con Courtois en sus planes, pero la marcha de los guardametas Logan Bailly y de Sinan Bolat en invierno, al Borussia Mönchengladbach y al Standard de Lieja respectivamente, la lesión de Sem Franssen y que Davino Verhulst, el portero titular en la segunda parte de la temporada, estuviese sancionado dejó a dos chicos de 16 años como únicos candidatos al puesto.

El técnico tenía que elegir entre Koen Casteels, actual guardameta del Wolfsburgo, y Thibaut Courtois y se decantó por el segundo ya que Casteels salía de una lesión. La elección fue acertada, ya que el actual portero del Real Madrid salvó a su equipo en los instantes finales con dos buenas acciones y mantuvo el empate a dos en el luminoso.

A pesar de su buena actuación fue su último partido ese año, ya que Davino Verhulst cumplió la sanción y tuvo que esperar hasta la temporada 2010/2011 para hacerse con un hueco en la portería del Genk.

La primera y última campaña que la defendió, pero que se saldó con el tercer título liguero de la historia del club tras un último encuentro de infarto frente al Standard de Lieja, que se había coronado como campeón las dos temporadas anteriores.

El encuentro se disputó el 17 de mayo de 2011 en el Cristal Arena de Genk en el que el empate hacía campeones a los locales en un equipo en el que también comenzaba a destacar un pelirrojo llamado Kevin de Bruyne. Un tanto del nigeriano Kennedy Kwanganga puso el empate en el marcador a once minutos del final. Y fue entonces cuando apareció Courtois.

El cancerbero belga salvó un mano a mano y acto seguido, tras el saque de esquina, realizó una doble parada a bocajarro que salvó a los suyos y le hizo consagrarse a sus 18 años.

Una actuación que llamó la atención de los grandes clubes europeos y fue el Chelsea quien se hizo con sus servicios a cambio de nueve millones de euros. Pero el checo Petr Cech ocupaba la portería londinense, así que Courtois hizo las maletas rumbo al Atlético de Madrid curtiéndose durante tres años de cesión y ganando la Copa del Rey en 2013 y la Liga Española en 2014.

Tras esto volvió al Chelsea, donde jugó cuatro temporadas, pero su familia seguía viviendo en Madrid y el belga regresó a la capital de España, esta vez al Real Madrid para “cumplir un sueño”, como dijo en su presentación como nuevo jugador blanco.

Y un sueño que le costó disgustos al principio. A su llegada, tenía que desbancar al que había sido el guardameta titular en las tres Ligas de Campeones consecutivas, el costarricense Keylor Navas. Y fue difícil. Empezó como suplente en Liga durante los dos primeros partidos y en ‘Champions’ los tres primeros encuentros, aunque luego se hizo con el puesto, y la Copa del Rey fue para el tico. 35 partidos disputados y 48 goles recibidos en la temporada 2018-2019. La pasada, que le ha hecho recibir el Trofeo Yashin, encajó 46 en 52 duelos.

En su segunda campaña, todo cambió. Keylor Navas hizo las maletas rumbo al París Saint-Germain y Courtois se quedó como el número 1 indiscutible bajo palos. Y hubo un día que fue clave: el 1 de octubre de 2019.

El Real Madrid recibía el Brujas en fase de grupos de ‘Champions’ y Courtois recibió dos goles en 39 minutos en dos acciones que, a un portero de un equipo grande, se exige que pare. No lo hizo y el Bernabéu le pitó. Le señaló. El belga se quedó al descanso en el vestuario por un virus estomacal.

Descansó el siguiente partido y desde entonces levantó un muro. Ya avisó encadenando seis partidos consecutivos in encajar. Un nuevo Courtois había nacido y tuvo su madurez la pasada temporada, especialmente en una Liga de Campeones en la que fue tan capital para el éxito del Real Madrid como el recientemente galardonado Balón de Oro, Karim Benzema.

Courtois detuvo las embestidas del PSG en la ida, deteniendo un penalti a Leo Messi, y solo Mbappé en una jugada de genio pudo superarle. En la vuelta de cuartos de final contra el Chelsea recibió tres goles en, posiblemente, los peores 60 minutos de la temporada del conjunto blanco, y aún así gracias a él no fueron más y sostuvo a su equipo para terminar firmando otra remontada histórica. Guión que repitió en la vuelta de semis contra el Manchester City.

Sin embargo, lo mejor de Courtois estaba aún por llegar. Nueve paradas en la final de París, donde recibió este lunes el Trofeo Yashin, frente al Liverpool. De todos los colores. Ninguna sencilla y todas para salvar al Real Madrid y desesperar a uno de los ataques más temidos de Europa. Otra vez, como en cada partido de la temporada, apareció el belga para dejar su sello imborrable en la ‘Decimocuarta’.