“Mark Cavendish es el mejor esprínter de la historia del Tour”. Así definió Pat Lefevere, jefe del Deceuninck, a su corredor, a quien fichó para el presente 2021 porque “no merecía retirarse con dos temporadas en blanco”. Lo que parecía caridad se convirtió en exigencia: “Si Mark se lo gana, quizá le incluyamos en el ocho para el Tour”. Su buen rendimiento previo, con cuatro triunfos en la Vuelta a Turquía y otro en la de Bélgica, y la lesión de rodilla de Sam Bennett le abrieron las puertas, y el británico consiguió en Fougères su 31ª victoria en la ronda francesa, a sólo tres del récord histórico de Eddy Merckx.

Cavendish salió de la estructura del Quick Step en 2015. En aquel Tour se apuntó también una etapa en Fougères: “Se asemeja a cerrar un círculo. En esta ciudad logré mi último éxito con mi actual equipo antes de regresar esta campaña”. Sus últimas dianas en la Grande Boucle se las anotó en 2016, cuatro. Desde entonces, nada. En 2017 abandonó con varios huesos rotos, tras verse encerrado por Peter Sagan en Vittel, y en 2018 quedó excluido por fuera de control. Ni en 2019 ni en 2020 le seleccionaron Dimension Data ni Bahrain. Después de superar lesiones y depresiones, vuelve a lo más alto: “Muy poca gente creía en mí, pero mis compañeros y yo sí que confiábamos en hacer algo importante”.

Habitual chico malo de los esprints, Cavendish se deshizo en lágrimas nada más cruzar la meta. Abrazó uno a uno a todos los auxiliares y ciclistas del Deceuninck. A los 36 años, tres triunfos le separan de Merckx: “No me planteo alcanzar a Eddy, aunque tampoco contemplaba participar en el Tour ni vencer de este modo”. De momento, porta el maillot verde de los puntos, general que conquistó en 2011 (también posee las del Giro, de 2013, y la Vuelta, de 2010, así como la colección de parciales en las tres grandes: 31 en Francia, 15 en Italia y tres en España): “Me gusta encontrarme así de bien de nuevo, no vamos a engañarnos”.