A veces se gana y otras se aprende. Eso dicen los más optimistas. Si la afirmación fuera cierta, esta temporada, Denver Nuggets ejemplificaría lo primero y Minnesota Timberwolves lo segundo. Como en el partido entre ambos conjuntos, a modo de resumen de todo lo anterior (114-103). En Colorado, el carácter, el potencial y la calidad mostrada en las alturas de Orlando ya presagiaban que este podía ser el curso del paso hacia adelante, del que distingue entre los buenos y los aspirantes de verdad. La irrupción total de Nikola Jokic, así como un abanico de alternativas más que interesante en las manos de Michael Malone, ha dado el impulso necesario. Uno que, a su vez, se ha visto frenado por las malditas y persistentes lesiones; en su caso, enfurruñadas con el juego exterior. Jamal Murray, un talento descomunal y especialmente efervescente en playoffs, fue la primera pieza de un dominó que, luego, incorporó a Austin Rivers y vio caer a Will Barton o PJ Dozier. Hoy, tras el partido, Mike ha confirmado que, en principio, no espera a ninguno de estos dos últimos para antes del cierre de temporada. Con lo que hay, deberá intentar el asalto en la fase final del campeonato.

Pese a todo, no es poco. Puede que insuficiente para dar el golpe total, ese con el que se fantaseaba cuando se contaba con Murray (y aún más cuando llegó Aaron Gordon), pero a nadie le va gustar cruzarse con los de Malone cuando llegue la hora de la verdad, que está muy cerca. Sea quien sea el primer elegido, en esa plaza del Oeste que alberga una de las disputas más encarnizadas de lo que queda de temporada regular, deberá tener en cuenta que, delante, tendrá al jugador que, seguramente, termine alzándose con el MVP: Nikola Jokic. Hoy, de nuevo, demostrando por qué. Frente a los Wolves, sólo ha necesitado un cuarto, además. Suyos han sido 12 de los primeros 14 puntos de los Nuggets. Al final de los primeros doce minutos, 16; al final del partido, 31. Junto a JaVale McGee, una apisonadora en la pintura que no ha dejado opción alguna a los visitantes por la vía interior: entre ambos jugadores, 27 rebotes. En puntos, el rendimiento se traduce en 60 tantos para los locales y 30 para los visitantes. Inapelable. “Se hicieron grandes y nos presionaron. Tenían la ventaja de tamaño y eso nos hizo daño”, aceptó Karl Anthony Towns al final del partido.

A él, KAT, y a Anthony Edwards se deben agarrar los Wolves de cara al próximo curso. En ese ‘aprender’ que el rookie representa como nadie. “De Ricky Rubio he aprendido mucho sobre la lectura del juego. Por otro lado, Pablo Prigioni siempre me da ‘tips’ y consejos para atacar mejor y leer a la defensa rival”, decía hoy ante la prensa, en un tono que suele ser habitual en sus declaraciones. De menos a más su temporada, terminando en unos estándares que pueden poner en un aprieto a los que tengan que elegir entre él y LaMelo Ball. Gran parte de las opciones de los Wolves hoy, que antes del partido veían cómo su franquicia pasaba a estar en manos de Álex Rodríguez y Marc Lore, pasaron por sus manos. 29 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias, con un espectacular 9 de 12 en el triple (44,4%) para creer en el mañana, pero también hoy. 18 de sus tantos tuvieron lugar en el tercer parcial, un favorable 37 a 29 que se tradujo en un 79 a 82 al inicio del cuarto decisivo.

Respuesta meritoria, pero insuficiente. El 14 a 22 del último periodo sofocó toda esperanza de una remontada, que, de haberse materializado, avanzaba con el viento en contra desde el primer acto. Jokic, principalmente, asestaba los golpes; pero también Austin Rivers (12+4) y Gordon (15+3+4) o Vlatko Cancar (14+3) y Markus Howard (15), como invitados sorpresa ante la ausencia de Michael Porter Jr., que descansó. Punto a punto y rebote a rebote mientras Facundo Campazzo soplaba, con 9 asistencias que se impusieron, en la zona de creación, a Ricky Rubio (6+6+5). “Facu es muy divertido”, publicaba, mientras, la franquicia de Colorado en Twitter. El argentino, además, aportó un triple cuando su equipo más lo necesitaba (con 94-99 en el marcador). En el lado contrario, más suelto estuvo D’Angelo Russell, que alcanzó los 17 puntos, y, por supuesto, KAT, que se marchó hasta el 20+11+4; pero de forma inocua. La ilusión pasó, y pasa, por Edwards. De cara al futuro, también en esa combinación entre KAT y D’Lo, con pocos minutos compartidos esta temporada debido a todos los contratiempos que, de forma despiadada, se han ido intercalando. La victoria fue para Denver, como se esperaba y como quiere extender en las siguientes semanas; la lección, de nuevo, para Minnesota. Aún toca aprender.