Miami Heat vuelve a sonreír. El equipo dirigido por Erik Spoelstra llegó a la presente temporada con muchos argumentos: una plantilla joven pero con presente, una de las culturas más férreas de la competición y, sobre todo, un subcampeonato bajo el brazo. Solamente unos todopoderosos Lakers pudieron pararle los pies en Orlando: Indiana Pacers (4-0), Milwaukee Bucks (4-1) y Boston Celtics (4-2) sucumbieron ante una franquicia que, por juego y plantilla, presentaba su candidatura a estar en la palestra de aspirantes durante mucho tiempo. Y, también así, llegaron al presente curso: con el objetivo de demostrar que lo acaecido en Disneyland no fue cosa de hadas. De matagigantes, en este caso. Con la meta de evidenciar que su relato era real y con muchas páginas por delante.

La tinta se empezó a derramar de forma brusca. Las bajas, algunas por lesiones y otras por los protocolos sanitarios relativos a la pandemia, se cebaron con el equipo de South Beach. Durante los primeros ocho partidos, intercalaron derrotas con victorias de forma precisa, sin alterar, en ningún momento, la serie. Una irregularidad impropia de un aspirante a campeón; aunque no tan rara en la actual temporada. A partir de ahí, muchas más derrotas que victorias: en enero, diez caídas y cinco triunfos. De los quince encuentros, en una decena (sólo dos victorias) no estuvo Jimmy Butler, su jugador franquicia. Con él, las tornas cambiaron. Arrancó un ascenso continuo que, a día de hoy, se materializa en una racha de cinco victorias consecutivas. La última, de mucho prestigio y con mucho Butler. Frente a Utah Jazz, el equipo más en forma de la competición e indiscutible líder de la clasificación global (27-7), el alero terminó con 33 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias. Desde su vuelta, Miami está en un récord de 10-5 (lo ha invertido, vaya) y, tras mucho remar, en la séptima posición del Este. Cerca de donde se le esperaba.

Butler, pese a su prolongada ausencia, está en un momento de forma excepcional. Se encuentra en su máximo de carrera de rebotes y asistencias (7,8 en ambos casos) y, lejos de ser casualidad, pretende ser, aún más, un jugador que multiplique las posibilidades de su equipo. “Me encanta que mis compañeros tengan oportunidades para anotar, me encanta cuando pueden hacerlo. A mí me piden que trate de impactar en el juego de muchas maneras. Creo que soy un jugador decente, así que puedo rebotear, pasar el balón e incluso anotar un poco”, declaró tras exhibirse frente a los Jazz. Unas palabras de las que, falsa modestia a un lado, se desprende un gran compañerismo. Una voluntad de camaradería que, según el periodista norteamericano Ethan J. Skolnick (5 Reasons Sports), especializado en los Heat, va mucho más allá de las pistas“Para aquellos que se preguntan por qué Jimmy no fue nombrado para el equipo All Star cuando (Kevin) Durant salió y entró (Domantas) Sabonis, puedo decirles que la NBA quería nombrarlo (Butler), pero no iba a ir a menos que fuera Bam (Adebayo)”, revela en el podcast Five on the Floor.